Yo me ganaba las hostias a base de golpes verbales. No paraba ni aunque me lo pidieran por favor con lágrimas en los ojos. Siempre me creí mejor que el resto, un ser superior al que todos envidiaban. Y cuando ya estaba en las nubes junto a mi ego, apareció él y de una sola frase me tiró de cabeza desde el cielo... Era el detonante que me hacía falta para estallar en millones de estrellas esparcidas por la cama.
No me mires con esa cara, porque entonces, más que explotar, me harás rodar sobre la alfombra durante toda la noche, junto a ti. Y tú no quieres eso, tú prefieres hacerme estallar a sonrisas, que es mejor. Así que cierra los ojos, por favor, y dame un beso...
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