
A veces despiertas, y sientes dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenias, y da igual cuantas veces te cambies de peinado o cuantas cervezas te tomes... porque sigues acostandote todas las noches repasando todos los detalles y preguntandote qué hiciste mal o qué pudiste malinterpretar. ¿Y cómo en ese breve y jodido instante pudiste pensar que eras tan feliz?, a veces incluso intentas convencerte de que él un día verá la luz y se presentará en tu puerta... Pero mientras tanto vas a lugares nuevos, conoces a gente que te hace recuperar tu amor propio, y vas recomponiendo tu alma, pedazo a pedazo...
Pero entonces, un día amanece, abres la ventana y te das cuenta de que está lloviendo a mares... Y como te encanta la lluvia te entran ganas de salir, abres la puerta, e inmediatamente algo frío te recorre el cuerpo. Pero eso no te quita aún las ganas de sentir como cada gota roza tu cuerpo, calándote hasta el alma... Es entonces cuando te da por mirar a lo lejos, a través de toda la niebla, y le ves a él, observándote, con esa sonrisa suya que le caracteriza, apoyado en el muro del jardín... En momentos como ese desearías comerle la boca salvajemente, llevártelo a la cama y hacer de ella un mundo. Y que nadie rompa ese momento...
Por eso, sabiendo que son días que no volverán, ¿por qué no haces lo que te de la gana?. Por qué si te apetece no vienes y me das un beso. Por qué si te apetece, no me dices que me quieres. Por qué si necesitas abrazarme no lo haces, ¿no es lo que quieres? Si sientes la necesidad de tocarme, hazlo. Si sientes la necesidad de pedirme que me tatue tu nombre por el cuerpo, hazlo, este es el momento...







