Te dije una vez que vinieras conmigo, para enseñarte las miles de maravillas que escribía y dejaba en una caja de cartón. Pero te negaste, no quisiste adentrarte a lo que eso suponía, y aquello fue el fin del principio, el trampolín que le faltaba a mi vida.
Me pasé trece meses pensando qué encontré para perderte de esa forma, y no hallé respuesta ninguna. Y hoy, trece días más tarde, descubrí que solo tenía que abrir un poco más la puerta para dejarte entrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario