miércoles, enero 12, 2011

Por mi garganta, anulando negatividad.


“Joder, tengo que decirte algo, tengo tantas ganas de dejar de entrar por esa maldita puerta que juro que daría todo mi dinero para no volver a caer en la tentación, es esa palabra la que no me deja terminar de decirte que por una vez no soy todo lo que aparento, vaya mierda, eh, pero ¡vamos, dime hola!, dime que quieres que te recoja los rastrojos que quedan en el suelo después de tanto tiempo encerrado en esas cuatro paredes haciendo de ti un santo, haciendo de mi claustrofobia. Podría cagarme en dios, podría joderme a cada hormiga que entra en tu parcela creando en mí dudas irreparables, irrepetibles momentos de letras fluorescentes incandescentes en mi cerebro, porque vaya puta mierda de cerebro, hilos de oro artificial estrechando un lazo tan fino como cada uno de mis argumentos. Entro, no entro, hablo… no hablo… hablar o no hablar esa es la cuestión de mis hazañas, tan poco heroísmo que me convierten en el continuo relato plasmado en unas hojas viejas, amarillas de esperar a que un cobarde diga. Hola. Y…en mi intento…por favor, adéntrate en mi entrepierna como sólo tú sabes hacerlo en mis alucinaciones.”




Necesito urgentemente tumbarme en la playa y sentir cada grano de arena entre los dedos de mis pies. Que el sol de verano me queme la cara, que solo haya humo en mis pulmones y que mi cerebro no sea más consciente que de seguir pegándole sorbos a una botella de whiskey del caro. Gritar hasta hacer estallar el cerebro, eso necesito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario