
Para acabar como se debía, faltaba montarme en tus caderas para conocer el mundo en gris brillante, y creo que ya lo he descubierto. Haces que mis ojos y los tuyos formen una constelación, llenas mi espíritu con tus frases, y reconfortas mi alma. Hasta echas por la ventana esos gritos silenciosos que guardo en mi interior, no sé como lo haces... ¿Sabes? tu boca es de mi propiedad ahora, y vas a tener que soportarlo.
¿Joder, qué mierda me has dado para estar así?
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