Hubo momentos en los que ella deseó que estuviera muerto. No es que deseara no haberle conocido, eso no; ni que no hubiera nacido, sino que lo atropellara un coche o que muriera de forma violenta, en una pelea de bar, por ejemplo, o que una máquina le destrozara el brazo y se desangrara hasta morir sin que nadie pudiera salvarle. Y deseaba que en esos momentos finales, al sentir que la vida se le escapaba, él comprendiera hasta qué punto había sido un cabrón, como un desperdicio viviente.
Ella lo imaginaba aterrado y arrepentido, conscientede que el charco negro en forma de riñón que tenía bajo el cuerpo era su propia sangre, y aceptando finalmente la evidencia de que iba a pagar por la clase de hombre que había sido. Y en esos momentos de oscuridad le llegaría el arrepentimiento, un arrepentimiento profundo. Pero ya sería demasiado tarde... Eso era lo que ella sentía por él.
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