martes, junio 08, 2010

Esnifar los rayos del sol y descongelar el cerebro...

Las cosas que me dices cuando callas, los pájaros que anidan en tus manos, el hueco de tu cuerpo entre las sábanas, el tiempo que pasamos insultándonos, las lunas que he besado yo en tus ojos, la historia que se mofa de nosotros, el espacio que ocupas en mi alma, la muñeca salvada de la navaja, la sangre en tu dedo, la locura acechando agazapada, la batalla diaria entre dos cuerpos, tu habitación con su cartel de cigarros, el llanto en las esquinas del olvido, la ceniza que queda, los despojos, el hijo que jamás hemos tenido, el tiempo del dolor, los agujeros, el gato que maullaba en el tejado, el pasado ladrando como un perro, el exilio, la dicha, los retratos, la lluvia, el desamparo, los discursos, los papeles que nunca nos unieron, tu nombre en la cubierta del cuaderno, tu modo de abrigarme el corazón, tu figura en plastilina, la celda que ocupaste en una cárcel, mi barca a la deriva, una canción, el bramido del viento entre los árboles, el silencio que esgrimes como un muro, tantas cosas hermosas que se han muerto, el tiránico imperio del absurdo, los oscuros desvanes del deseo, el beso que se pudre en nuestros labios, la cal de las paredes, la desidia, la playa que habitaban los gusanos, el naufragio de tantas certidumbres, el derrumbe de dioses y de mitos, la oscuridad en torno como un túnel, la cama navegando en el vacío, el desmoronamiento de la casa, el grito quebrado, la madrugada, el amor como un rito en torno al fuego, el insomnio, la dicha, las colillas, el arduo aprendizaje del respeto, las carcajadas, las heridas que ya ni Dios nos quita, las cosquillas, lo que arrastramos sin remedio, todo lo que nos dieron y quitaron, los días transcurridos tan deprisa, el silencio que compartimos, las caricias, el peso que llevamos en las manos.


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